Lenia Batres: Entre la Lealtad Política y la Falta de Solvencia Jurídica
Por: Silviano de la Mora.
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Hugo Aguilar Ortiz obtuvo el mayor número de votos en los Cómputos Distritales del INE, lo que lo perfila como el próximo presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), superando a la ministra en funciones Lenia Batres. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum sugirió que podría aplicarse una preferencia de género a favor de Batres, el INE, a través de su consejera presidenta Guadalupe Taddei, aclaró que se aplicará lo establecido en el artículo 94 de la Constitución: la presidencia corresponde al perfil con más votos.
Con esto, se confirma que Hugo Aguilar Ortiz, un abogado indígena, asumirá la presidencia de la SCJN, marcando un hecho histórico al ser la primera persona indígena en ocupar ese cargo en más de 150 años. Aguilar Ortiz critica a la Corte actual por su desconexión con la justicia social y aboga por una transformación que incluya a los pueblos indígenas.
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A estas alturas, Lenia Batres debería tener claro que su ascenso político depende, en gran medida, de su cercanía con el expresidente Andrés Manuel López Obrador. Su trayectoria reciente, especialmente en el ámbito judicial, ha estado marcada por una serie de decisiones cuestionables y declaraciones polémicas que han mermado su credibilidad y expuesto ciertas limitaciones en su capacidad técnica y política.
Su insistencia en alcanzar la presidencia de la Suprema Corte, pese a quedar en segundo lugar en la votación, y el intento por apelar a una interpretación constitucional favorable por motivos de género —respaldada por una ambigua declaración de la presidenta Claudia Sheinbaum— revela una estrategia más alineada con el oportunismo político que con el respeto al Estado de derecho. Esta postura no solo genera dudas sobre su compromiso con la legalidad, sino que también alimenta la percepción de que su carrera se sostiene más en su 90% lealtad al movimiento lopezobradorista que en sus méritos profesionales.
Además, el episodio evidencia un conflicto recurrente entre el discurso de transformación institucional y la tentación del poder de instrumentalizar las leyes según conveniencia. En ese contexto, Batres parece haber quedado atrapada entre la expectativa de ser “la ministra del pueblo” y la dura realidad de un sistema que, a pesar de sus fallas, exige legitimidad democrática y técnica.
Si Lenia Batres aspira a consolidarse como una figura seria dentro del Poder Judicial, deberá distanciarse de la sombra de su mentor político y demostrar autonomía, solvencia jurídica y capacidad de diálogo más allá de los dogmas partidistas. De lo contrario, su figura corre el riesgo de convertirse en un símbolo más del clientelismo disfrazado de transformación. Se ve algo difícil.
Saludos

