Nombramientos sin el visto bueno del cabildo: una mala señal desde el Ayuntamiento de Escuinapa
Por: Silviano de la Mora.
La reciente toma de protesta de nuevos funcionarios en el Ayuntamiento de Escuinapa, encabezada por el presidente municipal Víctor Díaz Simental, marca un nuevo intento por fortalecer una administración que, a siete meses de haber comenzado, aún no logra encontrar la estabilidad deseada.
El nombramiento de perfiles como Jesús Adriel Mayorquín López en Obras Públicas, Cristian Issac Prado Huerta como Oficial Mayor y Francisco Alberto Díaz Cruz como Analista de Proyectos podría interpretarse como un esfuerzo por reordenar áreas clave para el funcionamiento municipal. Sin embargo, el fondo del asunto no puede aislarse de la forma en la que estos cambios se han ejecutado.
El hecho de que estos nombramientos se hayan realizado sin el aval del cabildo municipal no solo levanta cuestionamientos legales, sino también políticos. ¿Qué tanto está dispuesto el alcalde a privilegiar la institucionalidad sobre la inmediatez? ¿Se gobierna con visión de largo plazo o desde la improvisación?
El mensaje del alcalde, centrado en el compromiso con el municipio, suena bien en el discurso, pero pierde fuerza si las decisiones no pasan por los canales adecuados. En política, la forma es fondo, y cuando se ignoran los contrapesos, se mina la credibilidad de la administración.
El gobierno local enfrenta un reto claro: dejar atrás los movimientos reactivos y construir gobernabilidad con base en acuerdos, transparencia y legalidad. Porque si algo necesita Escuinapa hoy, más que relevos administrativos, es rumbo y cohesión institucional.
Aunque en el discurso oficial se habló de fortalecer el equipo de trabajo y reafirmar el compromiso con la ciudadanía, la reciente toma de protesta de nuevos funcionarios en el Ayuntamiento de Escuinapa deja más dudas que certezas. Y es que estos nombramientos se realizaron sin el aval del cabildo, un paso que no es menor ni opcional.
El cabildo no está para adornar los actos públicos ni para aplaudir decisiones ya tomadas. Su función es revisar, analizar y, sobre todo, aprobar este tipo de nombramientos, precisamente para evitar decisiones unilaterales y asegurar que los procesos sean transparentes y legales.
Que el alcalde Víctor Díaz Simental haya decidido avanzar con estos cambios sin el consenso del órgano colegiado es preocupante. No se trata de poner en duda la capacidad de las personas designadas, sino de señalar que cuando se brincan los procedimientos, se debilita la institucionalidad y se manda un mensaje equivocado: que se puede gobernar sin contrapesos.
Apenas van siete meses de administración, y ya se han visto algunos tropiezos en la conformación del equipo de gobierno. Si de verdad se quiere avanzar y recuperar la confianza ciudadana, el camino no es el atajo, sino el respeto a la ley y a los mecanismos que garantizan una gestión ordenada y legítima.

