Escuinapa y el desafío de planear antes de gobernar
A MANERA DE COMENTARIO
Escuinapa y el desafío de planear antes de gobernar
Por: Silviano de la Mora.
En los últimos días, las redes sociales han servido como escenario para un creciente debate en torno a quién podría ocupar la presidencia municipal de Escuinapa en el próximo periodo (2027). Las opiniones de la ciudadanía se han dividido entre diversos perfiles: políticos con experiencia, empresarios, líderes sociales y nuevas figuras que buscan abrirse paso en la vida pública. Esa diversidad de opciones refleja una comunidad escuinapense participativa, interesada en el futuro de su municipio.
Sin embargo, más allá de los nombres y de las preferencias personales o partidistas, surge una reflexión necesaria: antes de decidir quién pudiera gobernar Escuinapa, es indispensable definir con claridad qué necesita Escuinapa.
Las carencias del municipio son bien conocidas por sus habitantes: rezagos en infraestructura, deficiencias en los servicios públicos, falta de oportunidades laborales, un campo que requiere mayor impulso y políticas de desarrollo urbano que respondan a las demandas de una población en crecimiento.
Frente a este panorama, lo más sensato sería trabajar en la construcción de una especie proyecto de desarrollo municipal que nazca desde la ciudadanía, elaborado con base en las necesidades reales de las comunidades y en una visión integral de largo plazo. Un plan que priorice la planeación sobre la improvisación, y que pueda servir como guía para la futura administración, sin importar el color partidista.
Si los escuinapenses logran articular esa hoja de ruta colectiva, entonces sí será posible evaluar qué perfil político o ciudadano representa mejor ese proyecto común. No se trata solo de elegir un alcalde, sino de elegir un rumbo.
Escuinapa necesita menos campañas de promesas y más proyectos de futuro; menos discursos de coyuntura y más compromisos sostenibles. Pensar primero el proyecto y después los nombres podría ser el punto de partida para transformar la política local en una verdadera herramienta de desarrollo.
Como ya es costumbre en muchos municipios —y Escuinapa no es la excepción—, los gobiernos locales suelen llegar al poder sin un plan verdaderamente estructurado. Primero se gana la elección y, una vez en el cargo, se elabora el Plan Municipal de Desarrollo. Ese documento, que debería ser la guía estratégica de toda administración, termina siendo una recopilación de promesas de campaña, de reclamos escuchados al paso y de compromisos asumidos sin diagnóstico ni prioridad clara.
El resultado es predecible: durante el ejercicio administrativo surgen obras, programas y acciones que no estaban contempladas en el plan original, impulsadas más por la coyuntura política que por una visión de desarrollo sostenido. De esta manera, los recursos se dispersan, los proyectos se interrumpen y, al final del trienio, el municipio continúa arrastrando los mismos rezagos que se prometió resolver.
Planear después de asumir el poder es, en realidad, una forma de improvisar. Gobernar sin rumbo previo equivale a navegar sin brújula. Cada administración repite el mismo ciclo: iniciar con entusiasmo, improvisar sobre la marcha y concluir justificando lo no alcanzado por “falta de tiempo” o “limitaciones presupuestales”.
Romper ese patrón exige un cambio de enfoque. El Plan Municipal de Desarrollo debería surgir antes de la elección, no después. Debería construirse con la participación de la ciudadanía, de los sectores productivos, de la academia y de la sociedad civil, para convertirse en un verdadero pacto de trabajo común, no en un simple trámite administrativo.
Solo así Escuinapa —y cualquier municipio— podría aspirar a una gestión pública más profesional, donde la continuidad de los proyectos no dependa de quién gobierne, sino de un compromiso colectivo con el progreso.
Planificar antes de gobernar no es una utopía: es una necesidad urgente para romper con la inercia del estancamiento.
¿Es demasiado pronto para empezar actuar? Los escuinapenses tienen la palabra.

