El deber moral del empresario
BREVE Y PRECISO
Por Domingo Félix.–
Siempre se dice que los grandes ricos o grandes empresarios son poderosos, incluso muy poderosos. El poder del dinero puede impulsar cambios en muchos campos de la actividad humana, tanto como también puede detenerlos.
Hablemos de la responsabilidad social y política del gran capital. La capacidad económica y el liderazgo social adquiridos por las grandes empresas y los grandes empresarios permiten abrir puertas, ser escuchados, generar opinión, eliminar obstáculos, impulsar obras, generar espacios, provocar corrientes y crear políticos, e incluso hacer gobernantes.
De acuerdo con lo anterior, el poder económico puede convertirse en poder político, y viceversa. Por ello, el poder económico puede producir desarrollo, inducir estabilidad o provocar atraso.
¿Qué ha pasado en Sinaloa con el liderazgo empresarial, el del gran capital? ¿Hacia dónde nos han conducido? ¿Qué tanto se comprometieron con su ciudad y con su entorno? Si vemos lo que hoy sucede, ¿cuánto también es gracias —o debido— a los intereses de estos grandes capitales?
Bueno, las casualidades no existen; la generación espontánea no es aceptable. Esto que sufrimos en Sinaloa no es casualidad.
No es una mera coincidencia que el desempeño político laxo de la gran clase pudiente en nuestro estado y la lamentable situación en que hoy vivimos en Sinaloa ocurran paralelamente. No es casual; más bien ambas situaciones se alimentan mediante vasos comunicantes.
No podemos darnos el lujo de consentir este mal empate. No.
En contraste, a mi memoria vienen grandes ejemplos de empresarios que han marcado diferencia: Eugenio Garza Sada, Manuel Clouthier del Rincón, Víctor González (Dr. Simi), Ricardo Salinas, Mauricio Fernández y muchos otros; porque sí los hay que hacen la diferencia.
El gran capitalismo debe estar comprometido con la sociedad; debe ser solidario; debe buscar el bienestar de la población.
En estos momentos es tiempo de que nuestros grandes empresarios saquen la casta por su ciudad.
¡Saludos, jóvenes!

