* Juan de Dios Gamez Mendivil
* por: Jose Luis Lopez Duarte
El camino tortuoso y plagado de maniobras maquiavélicas que el gobernador Rubén Rocha ha construido para designar —más bien imponer— a su sucesor dentro de Morena comienza a mostrarse con una claridad que ni él mismo podría negar. No es obra de la casualidad que los primeros en salir del tablero hayan sido Jesús Estrada,”el químico” Benítez, Héctor Cuen y Gerardo Vargas ; era sólo el comienzo de un despeje despiadado hacia su objetivo final: hacer brillar con luz propia a su ahijado, Juan de Dios Gámez Mendívil, actual presidente municipal de Culiacán.
Desde antes de tomar posesión, Rocha no se anduvo con medias tintas ni juegos inocentes. Dibujó un equipo de gobierno digno de un autócrata moderno y tejió alianzas con los grupos principales del PRI en Sinaloa, una jugada maestra que hoy le permite manejar los hilos del poder como si fuera un titiritero consumado. Pero no se detuvo ahí; juntó a los pesos pesados económicos del estado —el grupo Coppel con su abultada cartera de 43,000 millones de dólares, Jesús Vizcarra y la familia Kuroda, junto con otros comerciantes del poder— para cerrar esa famosa “pinza política” que casi garantiza el control absoluto sobre las candidaturas de Morena y sus aliados, PT y Verde Ecologista.
¿Quién puede dudar de la lealtad inquebrantable de Rocha a López Obrador? Ese romance político que incluso jugó con la precandidatura del senador Augusto López, deja claro que la relación con Palacio Nacional es un plus que fortalece la posición del gobernador. Y la imagen que circuló tras la visita del Consejo Nacional de Seguridad a Sinaloa es la evidencia fotográfica que resume esta combinación letal de poder político y económico. Dicha foto no es mera casualidad; es el símbolo de toda una estrategia para garantizar que el próximo abanderado de Morena en la entidad lleve el sello rochísta al cien por ciento.
El grupo de Jesús Vizcarra, fiel escudero del gobernador, no tiene intenciones de desviarse ni un milímetro de ese plan; y qué decir del gigante Coppel, que no solo domina por su poder económico sino que también juega duro en la arena política, hasta el punto de haber apoyado en ocasiones a la oposición al PRI cuando este tenía el poder. Esa alianza con la presidencia, reflejada en proyectos como la fabricación de 40 millones de pares de calzado para frenar la penetración china en el mercado local, no es más que otro engranaje en la máquina de poder que Rocha opera con precisión quirúrgica.
El mensaje, tan explícito como un puñetazo en la cara, es que el rochísmo va con todo para promover a Juan de Dios Gámez, blindándole con el respaldo no solo político sino económico e institucional. Y si alguien piensa que el escenario cambiará porque aparezca otro candidato o candidata, que se prepare para una dosis de realidad cruda: el poder concentrado allí decidirá al ungido, sin importar las voces dispersas en colonias, rancherías o grafitis improvisados.
Quedan ocho meses para conocer a los candidatos a la gubernatura, un tiempo corto si consideramos el tamaño de los amarres y negociaciones que verdaderamente importan. Aquí no vale andar correteando ilusiones; lo que se está cocinando en las entrañas del poder político sinaloense es una alianza que promete ser poco convencional, pero brutal en su efectividad. En estos tiempos donde no hay elecciones presidenciales, el peso de los gobernadores será decisivo, y pinta para que Rocha termine poniendo la última palabra en quién será su relevo.
Así que ya saben, la política en Sinaloa no es un juego limpio ni una competencia democrática abierta. Es el tablero personal de un gobernador que ha sabido acumular tanto poder que ahora tiene en sus manos la llave para abrir —o cerrar— la puerta de la gubernatura para quien mejor sirva a sus intereses. Y mientras algunos están pintando bardas, otros ya están haciendo los amarres que realmente cuentan. al tiempo.

















