Rodolfo Valenzuela: El factor territorial que desde el Congreso agita el tablero de Culiacán

SOSORIQUI

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Por: Carlos Rochín Mercado

Definitivamente, Culiacán no va a empezar a decidir en 2027; empezó a decidir desde ahora sus cartas políticas. Morena aprobó el 7 de marzo de 2026 su ruta de organización territorial rumbo al proceso interno 2026-2027; el CEN emitió el 20 de marzo la convocatoria para instalar los Consejos Municipales y, en Sinaloa, la asamblea de Culiacán quedó programada para el 18 de abril. A la par, la cobertura nacional de ese acuerdo colocó sobre la mesa las fechas que ordenan la disputa interna —22 de junio, 3 de agosto, 21 de septiembre y 8 de noviembre—, aunque reportes posteriores precisaron que el 22 de junio corresponde al arranque del registro de aspirantes, no necesariamente a la designación final. 

En ese reloj adelantado, Rodolfo Valenzuela Sánchez ya no aparece como promesa, sino como pieza a considerar para las siguientes elecciones constitucionales. Hoy es presidente de la Mesa Directiva del Congreso del Estado; desde octubre de 2024 fue reconocido además como coordinador del grupo parlamentario del PVEM e integrante de la JUCOPO, y su propio perfil oficial lo coloca en el Distrito 13 de Culiacán, con presencia en comisiones que cruzan transparencia, gobernación y asuntos agropecuarios. Traducido al castellano de la política: no es un diputado de relleno, sino un cuadro con micrófono, operación territorial y visibilidad. 

Podemos señalar con dedo de fuego que, su primera fortaleza es la aritmética electoral. La constancia del IEES lo acredita como ganador del Distrito 13 en candidatura común por PVEM y Morena; la tabla oficial de resultados muestra en ese distrito 27,063 votos para Morena y 3,350 para el PVEM, con una participación de 59.01 por ciento, claramente por encima de otros distritos capitalinos como el 16 y el 17, que cerraron con 47.32 y 46.63 por ciento. Y cuando se cerró el cómputo distrital, la cobertura local reportó que Rodolfo confirmó la victoria sobre Luis Javier de la Rocha con una ventaja superior a cinco puntos porcentuales. Eso, en una plaza tan competida como Culiacán, no es adorno: es puro capital político. 

La segunda fortaleza es el tipo de perfil que ofrece. Rodolfo no viene de un solo carril: es licenciado en Derecho, cursa una maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos, tiene formación previa en telecomunicaciones, ha trabajado en proyectos tecnológicos, ha sido profesor, agricultor en Culiacancito, coordinador territorial de Sembrando Vida y subgerente de Diconsa en Culiacán. En una ciudad que exige calle, gestión, sensibilidad social y administración, esa mezcla vale más que el simple eslogan de la juventud, que aunque también la tiene; la capital sugiere un perfil que puede hablar con el empresario, con el productor, con el aula y con la estructura territorial sin parecer turista en ninguno de esos mundos. 

No obstante lo anterior, a ese capital de origen le agregó otro que en política pesa mucho: su institucionalidad. Haber sido electo presidente de la Mesa Directiva con 35 votos lo colocó en el centro del escenario legislativo, justo donde se construye la figura pública que después pide confianza para gobernar una capital. En un Congreso plural en siglas pero obligado a procesar acuerdos, esa posición le da cuerpo, tono y figura de mando; y en Culiacán, donde la gente ya no solo mira carisma sino capacidad para ordenar, administrar y responder, esa exposición institucional suma más de lo que muchos creen. 
En la política real, la cercanía casi nunca se firma: se lee, y Rodolfo ha respaldado públicamente la estrategia de seguridad del gobernador Rubén Rocha Moya, y cuando el Congreso reestructuró en abril de 2025 la Comisión Instructora, recordemos que se le confirió la presidencia; al mismo tiempo, el propio Legislativo sostuvo la defensa jurídica del juicio de procedencia contra Gerardo Vargas Landeros en el caso Ahome. Dicho sin que suene a alarde: en los asuntos delicados no suelen colocar a cualquiera, y ese tipo de encargos hablan de confianza política, de control de nervios y de comunicación con el bloque gobernante. 

Al día de hoy, Rodolfo, tampoco llega vacío en productividad. Desde la Comisión de Transparencia impulsó un calendario de trabajo con la Secretaría de Transparencia, el sistema anticorrupción, la CEAIP, el Comité de Participación Ciudadana y la Auditoría Superior del Estado; además, esa comisión asumió el compromiso de retomar iniciativas y llevarlas a una reforma con foro de participación ciudadana. En el Pleno apareció como promovente de la iniciativa para crear una Fiscalía Especializada en Ciberseguridad y, como vocal de Puntos Constitucionales y Gobernación, participó en el proceso que aprobó el dictamen para prohibir el maltrato animal; más tarde, también firmó una iniciativa para incorporar salud mental y apoyo psicológico a las y los deportistas. Es decir, no solo administra reflectores, también deja rastro legislativo. 

En el Congreso, frente a él hay perfiles serios, pero de naturaleza distinta. Paola Gárate tiene oficio de oposición, experiencia como regidora de Culiacán, diputada local y federal, y acaba de dejar la presidencia del PRI estatal; Roxana Rubio carga la bandera del PAN, integra la JUCOPO y ya fue presidenta de la Mesa Directiva en la LXIII; Elizabeth “Ely” Montoya ya fue candidata a la alcaldía de Culiacán, fue regidora y dirigió el DIF municipal; Angélica Díaz trae trabajo social, la memoria del DIF Culiacán y dos legislaturas de experiencia en el PAS. Todas tienen activos. Pero hay un dato que si se contrasta; las desarma por completo Rodolfo: ellas llegaron a la actual Legislatura por representación proporcional, mientras él llegó con victoria territorial directa y constancia de mayoría en el Distrito 13. Para una candidatura a la presidencia municipal, esa diferencia entre estructura partidaria y voto ganado en tierra pesa, y pesa mucho. ¿o no?

Por eso, si Morena y el Verde quieren competir en serio por Culiacán —y no solo administrar inercias—, Rodolfo Valenzuela tendría que estar en la conversación principal de las más altas cúpulas. Tiene voto probado, figura institucional, una narrativa generacional que no se ve improvisada y una ubicación política que lo vuelve legible para la alianza gobernante. Paola puede representar el oficio priista; Roxana, la oposición panista; Ely, la ruta ciudadana de MC; Angélica, la base social del PAS. Pero Rodolfo ofrece algo que hoy escasea en la capital: la combinación de frescura, disciplina interna y capacidad de proyectarse no solo como candidato, sino como eventual alcalde de la capital. 

Nuestra propuesta es simple: que Morena no lea Culiacán como reparto, sino como apuesta estratégica. Sus propias reglas ya obligan a cuidar formas, evitar ventajas indebidas y separar a quien aspire de la conducción de asambleas en el territorio donde quiera competir; además, la ruta interna coloca septiembre como el punto clave para las coordinaciones municipales. Hay tiempo, pues, para medir con seriedad quién puede ganar la boleta y después gobernar la ciudad. Si la alianza con el Verde se mantiene, Rodolfo Valenzuela merece ser probado a fondo en esa pista: no como ocurrencia, sino como una posibilidad real de renovación con estructura, con votos y con gobierno en perspectiva.

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