La marcha por la paz en Escuinapa, el pasado fin de semana, dejó una imagen imborrable: ciudadanos caminando, alzando la voz y exigiendo respuestas ante la violencia, mientras muchos actores políticos que suelen pronunciarse “por Sinaloa” simplemente no estuvieron presentes.
No fue una movilización menor. La marcha por la paz en Escuinapa surgió a partir de la desaparición de un constructor de la región, con varios días sin conocerse su paradero, lo que detonó la indignación social. Además, fue una convocatoria genuina, nacida desde la ciudadanía, sin tintes partidistas ni protagonismos políticos.
La ausencia política en Escuinapa
En este contexto, la ausencia de quienes constantemente hablan sobre seguridad resulta aún más evidente. Porque en política, no asistir también comunica.
Por un lado, refleja desconexión con la realidad social; por otro, evidencia cautela ante temas incómodos. En el peor de los casos, deja ver una participación selectiva basada en la conveniencia mediática.
Datos duros de la violencia en Sinaloa
Los datos respaldan la preocupación social. Sinaloa ha enfrentado en periodos recientes cifras que superan los 900 homicidios y más de mil desapariciones, en un entorno marcado por la disputa entre grupos del crimen organizado.
Asimismo, en el sur del estado la situación no es distinta. Apenas semanas atrás, en el propio municipio de Escuinapa, cuatro policías municipales fueron asesinados en una emboscada, lo que refleja el nivel de riesgo que se vive en la región.
Por ello, no se trata de percepción, sino de una realidad que golpea a comunidades enteras.
Ciudadanía vs discurso político
Cuando la ciudadanía sale a marchar sin acompañamiento político, ocurre algo significativo: se rompe la narrativa del discurso oficial y se evidencia una brecha entre lo que se dice y lo que se hace.
La legitimidad no se construye con frasess en redes sociales; se construye con presencia, con acompañamiento y con compromiso en los momentos críticos.
